Maternidad lesbiana: el desgaste emocional del tratamiento de reproducción asistida

Maternidad lesbiana: el desgaste emocional del tratamiento de reproducción asistida

 

Los efectos secundarios de un tratamiento de reproducción asistida no son físicos, son emocionales.

En el momento que sientes o decides que quieres ser madre, la mayoría de mujeres lesbianas optamos por recurrir a un tratamiento de reproducción asistida. Según la edad o la salud reproductiva, tendremos más o menos expectativas de conseguir el deseado embarazo. Pero, ¿y cuando no llega «lo rápido que lo habíamos planificado»? Entonces empieza lo que llamamos el miedo a la infertilidad.

Cuando una mujer lesbiana, que nunca se ha quedado embarazada ni ha utilizado anticonceptivos, inicia un tratamiento de reproducción asistida, la suposición inicial médica es que no tiene un problema de fertilidad.  Nos realizan unas primeras pruebas: análisis de sangre, hormonal, exploración, etc. y si todo está correcto se  aplica el protocolo habitual: inseminación artificial con donante anónimo.

Podemos tener suerte y conseguir el embarazo, o podemos enfrentarnos a diversos negativos. Empiezan a sumarse las revisiones, los ciclos, las pruebas, etc. y nuestro desgaste emocional es cada vez mayor.  Es posible que empecemos a vivir los primeros duelos: por las implantaciones que no prosperan, por la pérdida gestacional….

La medicación hormonal del tratamiento también afecta nuestras emociones. Y en el caso que hayamos optado por el método ROPA ambas estamos bajo el mismo efecto hormonal, la donante del óvulo por las hormonas de la estimulación ovárica, y la futura madre gestante por la progesterona subministrada para preparar el endometrio. Así que la pareja digamos que se encuentra en una situación «extremadamente sensible«. Por ello, no  te sientas culpable por tu excesiva irritabilidad, ñoñeria, angustia, estrés o tristeza. Son emociones normales, pasar por un tratamiento de reproducción asistida se asemeja al mismo nivel de estrés que provoca la pérdida de empleo o un divorcio.

La vida social y en pareja también se resiente durante el tratamiento. Nos volvemos monotemáticas, las relaciones sexuales son precavidas y la incertidumbre del embarazo parece que aparque el resto de nuestros proyectos en pareja.

Hay quién huye de entornos con embarazadas o bebés, quién tiende al aislamiento de la familia por el temor a las preguntas. Son actitudes totalmente normales y no te debes sentir mal por ello. A veces con una explicación sincera, tu familia o amigos/as te entenderán. Y si no lo hacen, no está mal. Quizás no pueden ponerse en vuestra piel, pero por ello no debemos culparlos.

La sensación de incomprensión es habitual si el embarazo no llega y empezamos a temer que no podamos ser madres. Afortunadamente, con la llegada de internet, muchas de nosotras encontramos una vía de comunicación y de apoyo en los foros y blogs de fertilidad.

Pero si la situación se vuelve emocionalmente insostenible, te aconsejamos que acudas a un profesional con experiencia en apoyo psicológico en reproducción asistida. Muchos centros de reproducción asistida tienen un departamento de bienestar. En nuestro caso encontramos en la Dra. Roca de la Clínica Sagrada Familia el apoyo profesional  y la comprensión amiga para los peores momentos.

¿Estáis en tratamiento? ¿Cómo lo lleváis? Explica tu experiencia, hagamos comunidad y ayudémonos 😉

 

 

 

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