Doriane: «No me gustó vivir el embarazo»

Es lícito que no te guste estar embarazada.
Incluso cuando deseabas mucho este embarazo, incluso cuando empezaréis el tratamiento de reproducción asistida e incluso cuando el camino hacia la maternidad era largo y tortuoso, es posible que no te sientas realizada por el mero hecho de estar embarazada, ¡y tienes todo el derecho a sentirte así!
Os traemos el caso de Doriane, pareja de Caroline, y embarazada tras una inseminación artificial. En esta entrevista, habla de otro manera muy diferente de vivir el embarazo, lejos de una imagen idílica: hay mujeres que no se sienten cómodas con su embarazo, como las tratan estando embarazadas ni como se supone que se tienen que sentir.
Su relato es súper interesante, lo hemos descubierto en la entrevista publicada en el blog Lea Et Capucine

1.- ¿Cómo surgió el proyecto de tener un hijo en tu pareja? ¿Cómo decidisteis quién lo llevaría?

Mi mujer, Caro, y yo nos casamos en el verano de 2011. A lo largo de la última década hemos hablado muchas veces del deseo de formar una familia. La mayoría de las veces esperábamos ese «más tarde», pero teníamos mucho miedo de que se retrasara la necesidad de formar una familia. Nos casamos en el verano de 2015 pensando que seguiríamos con el proyecto del bebé.
Al final, lo más difícil en este proceso no fue el deseo de tener un hijo, sino decidir cuándo tenerlo. De hecho, decidir ese maldito «momento adecuado» es también una carga que recae sobre las familias homoparentales, no podemos equivocarnos ni tener un bebé por sorpresa, todo está calculado y a veces pueden pasar casi nueve años para que se cumpla un deseo.

En diez años, mi mujer no ha expresado ni una sola vez el deseo de estar embarazada, de hecho ha sido todo lo contrario. En cuanto a mí, siempre he soñado con tener un hijo, pero debo admitir que siempre he evitado la etapa del embarazo. Siempre me he imaginado con un hijo, pero ni una sola vez me he imaginando pariendo. Así que ante su rechazo y mi neutralidad, finalmente fui yo quién se postuló a gestar a nuestro hijo.

2.-¿Cómo has vivido el tratamiento?

Iniciamos el proceso de reproducción asistida durante el confinamiento, en abril de 2020, y en julio del 2020 estaba embarazada.

Mi ginecólogo de siempre es quién siguió todo el proceso en Francia, en colaboración con la ginecóloga de Barcelona. El 26 de junio comenzamos la estimulación ovárica para una inseminación en Barcelona el 10 de julio de 2020.

3.- ¿Cómo estás viviendo tu embarazo hasta ahora? ¿Cómo te sientes?

Pensamos que la primera inseminación sería sólo una prueba y que no funcionaría. Mi mujer era bastante pesimista al respecto, para evitar una decepción. Las dos estábamos más solas que nunca en la interminable beta espera.

La prueba de embarazo fue positiva el 21 de julio y una ola de ansiedad nos invadió. Ni siquiera nos tomamos el tiempo de alegrarnos porque no lo esperábamos. Me sentía culpable por el hecho de que funcionara tan rápido, teniendo en cuenta todas las otras futuras mamás que seguía en las redes y todo lo que había leído en Internet.

El primer trimestre fue médicamente perfecto y, sin embargo, lo pasé fatal. No tuve náuseas ni otras molestias, y Caro me apoyaba en todo, en la compra, en la limpieza, en la cocina… Dejé de trabajar muy pronto por la ansiedad que tenía. Tenía mucho miedo de hacer algo mal, miedo al aborto, miedo a la enfermedad, miedo a las malformaciones.

Cada decisión se basó en la relación beneficio/riesgo para el embrión. Todo el mundo me decía que fuera feliz, pero yo no podía serlo..

Alrededor del segundo mes empecé a relajarme un poco, pero fue entonces cuando empezó lo peor para mí. Mi cuerpo estaba cambiando.

Estaba muy emocionada por ver cómo crecía mi vientre o por sentir cómo se movía el bebé. Mi mujer y yo estábamos como locas. Mis pechos ya habían crecido exponencialmente durante dos meses, ¡pero ahora mi vientre por fin empezaba a crecer!
Me empecé a sentir como una incubadora y la complicada relación con mi feminidad que nunca me había cuestionado realmente vino a golpearme en la cara.

Al mismo tiempo, mis síntomas se intensificaron: ahora tenía una resaca permanente, no muy fuerte, pero lo suficiente como para molestar.
Entonces me di cuenta de que, aunque no todas tenemos los mismos síntomas en el embarazo, algunos estaban completamente ocultos y me hubiera gustado conocerlos antes.
Me hubiera gustado saber que mi olor corporal, incluido el de mi vagina, iba a cambiar a causa de las hormonas, obviamente al mismo tiempo que mi sentido del olfato.
Me hubiera gustado saber que me iba a convertir en una ogresa y que iba a soltar gases sin darme cuenta, me hubiera gustado que me dijeran que defecar iba a ser tan complejo que con el tiempo iba a desarrollar técnicas que apenas se podían discutir en este testimonio, me hubiera gustado saber que iba a perder todo el atractivo delante de mi mujer y que el microlax se iba a convertir en mi mejor amigo.

El segundo trimestre fue más suave, estaba mejor rodeada y empecé a sentir a nuestra hija. Incluso interactuaba con Caro por la noche y era mágico aunque en realidad cuando se movía me parecía que me salían gases de dentro y no mariposas o burbujas como me explicaron. Conservé algunos de los síntomas, pero al final acepté convertirme en un jabalí gigante.

Ahora estoy en el tercer trimestre. El tiempo se ralentiza un poco más, pero creo que es porque estamos deseando conocer a nuestra hija. Y extrañamente no puedo esperar a dar a luz.

4.- ¿Cómo afrontas el parto?

¡Tengo muchas ganas de conocerla! Y sobretodo estoy entusiasmada con que mi mujer la vea, va a ser una madre increíble.
Me da miedo el día D, como a muchas mujeres, cuando se acerca, pero no puedo esperar. Ya lo tengo todo planeado, mi mejor amigo me va a traer sushi y embutidos, ¡lo echo tanto de menos!

Sé que el parto puede ser largo y doloroso, pero para mí significará que ha terminado el embarazo. ¡No veo la hora de volver a tener mi cuerpo con sus kilos de más, sus imperfecciones, pero sobre todo no veo la hora de recuperar mi derecho a ocultarlo o a mostrarlo si quiero sin que nadie venga a pisotear mi consentimiento!

De la misma manera que no se abraza a alguien que no quiere, al igual que no se le besa o se le miran las nalgas o los pechos de forma sostenida a nadie, se debería respetar a la persona embarazada.

Evidentemente, entiendo a las que les gusta estar embarazados y no quiero convencerlas de nada. Solo pretendo hacer reflexionar y expresar que no todas las mujeres vivimos el embarazo como algo “fantástico y deseado”. En mi caso, era la manera de conseguir ser madre, que es lo que deseaba.»

Que no te guste estar embarazada no es no implica que no quieras a tu bebé ni que vayas a ser una mala madre, simplemente no te sientes a gusto con esa etapa fisiológica de tu vida.

¿Cómo ha sido tu experiencia? Te leemos en los comentarios

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